
Hace muchos años que me dedico a trabajar procesos asociativos, con empresarios, emprendedores e instituciones; y en todos los casos el planteo inicial radica en las barreras culturales que existen para favorecer estos procesos. Es común ver que en épocas de bienestar económicos, son menos los procesos asociativos que se generan, en cambio cuando las cosas no están tan bien, las posibilidades de asociar empresarios u emprendedores aumentan.

Por suerte estas cuestiones culturales van cambiando con el tiempo, los jóvenes y sobre todo los más chicos experimentan procesos asociativos impulsados desde la escuela y hasta el jardín.
Volviendo al tema de la asociatividad, recuerdo por ejemplo a fines de 2001, me toco acompañar la conformación de un grupo asociativos de panaderos en la Provincia de Buenos Aires y cuando lo comentábamos con otros profesionales y comerciantes nos decían sobre lo difícil que era juntar a los panaderos, por eso del “secreto en la receta del pan”. No se imaginan cómo aceleró el proceso asociativo, cuando en enero de 2002 la bolsa de harina paso de $10 a U$S10!
Éste es un ejemplo que solemos dar para graficar cómo, en situaciones de crisis o cambios del “status quo”, nos pueden favorecer a los procesos asociativos.
Si esta nota fuese dirigido a colegas funcionarios que tengan a responsabilidad de generar o ejecutar políticas públicas sobre asociatividad, les diría que en cualquier momento de crisis y grandes cambios, estemos atentos porque puede ser un buen momento para iniciar éstos temas de discusión.
Para resumidas cuentas y parafraseando a J.L. Borges muchas veces: “A los argentinos no nos une el amor, sino el espanto…”
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Comentarios
desde todos los sectores, se debe pensar. No deja de ser una pena que nuestra idiosincrasia como pueblo no lleve a asociarnos
sólo cuando "las papas queman" en vez de aprovechar el potencial tremendo que posibilitan los procesos asociativos aún en
contextos económicos favorables.