Domingo, 03 de Marzo de 2013 20:59
-“Hola fantasma”. -“Fantasmín ¿cómo andás?. Así se saludaron Sebastián y Lucas cuando se cruzaron en la esquina del Centro de Salud Santa Lucía. Casi como una paradójica premonición. Los fantasmas tienen la particularidad de asustar siendo invisibles. Igual que los vecinos del Barrio.
Y uno camina sus calles de tierra procurando no perderse entre diagonales, entre tanta pobreza que se siente y se respira. El barrio Santa Lucia es una urbanización reciente que se encuentra encerrado entre murallas de cemento. Las mismas que se erigen a la par del progreso económico señalan las complejidades de un capitalismo que no ha sabido, o no ha querido, albergar sin expulsar. En el extremo oeste del Municipio de Rosario, entre grandes paredones que se levantaron para continuar las vías de acceso modernas a otras localidades, atravesado por las vías del ferrocarril Mitre y comunicado con el resto de la ciudad por la calle que circunda un puente de la Avenida 25 de Mayo, una sola posibilidad de acceder al Barrio. Y de salir de él. Una única línea de colectivo. Pocos autos. Muchos pies.