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| Ilustración: "Juanito Laguna", Antonio Berni |
Después del temporal, miserias, postergaciones e ignorancia ocupan su espacio en los medios de comunicación. El conurbano marginado, ninguneado, con habitantes estigmatizados, vuelve al centro de la escena, curiosamente o no, ese mismo espacio sindicado desde esos mismos medios como cuna de delincuencia, pibes chorros, preñez adolescente y planes sociales, es visto en ésta ocasión como lugar de postergaciones, acotadas al faltante de luz y de agua, como si solo eso hiciera falta.
La pobreza extrema de lugares como Quilmes, Florencio Varela o Lomas de Zamora replica en pobreza de la sociedad que no solo no se conduele sino que, en llegados casos mira por sobre el hombro a quienes se encuentran del otro lado de la opulencia ostentosa, cuando faltan vivienda, infraestructura, salud y educación, falta humanidad por todas partes.
Hace rato es tiempo de aclarar que muchas personas viven a la vera de las autopistas, en medio de la precariedad y el hacinamiento, no para “afear” el paisaje, sino por ser esa la única opción de vida que les reserva ésta sociedad acostumbrada a verlos de reojo y a la pasada, tapados por basurales y quemas que suman una atmósfera irrespirable.
Puerto Madero y Dock Sud, barrios privados y villas, resumen de la injusticia social que está ahí, que permanece más allá de los discursos o de las acciones siempre insuficientes, que seguirá firme cuando deje de ser noticiable, realidad para la que no hay teorías ni indicadores económicos, ni dogmas políticos que puedan avalar su permanencia sin consagrar su inmoralidad.
Semejantes niveles de desigualdad social indican que la sociedad en su conjunto falló, no se trata de economía, es mucho más que eso, está ausente la trilogía de la Revolución Francesa, no hay igualdad ni libertad ni fraternidad, mientras muchos hombres, mujeres y niños son menos iguales, menos libres y no tan hermanos del resto, acá las ideologías más populares se quedan cortas al momento de concientizar, no hay logro que alcance para mitigar injusticias potenciadas a lo largo de los años.
Educar en humanidad resulta necesario para desterrar la visión de otredades, para dejar de lado las divisiones de clases por poder adquisitivo, color, sexo o creencias, en ese sentido es imperioso no perder de vista lo único concreto que es la finitud, que abarca a toda la humanidad en su conjunto y como individuos, finitud que torna ilusorias posesiones, títulos y riquezas que no son más que destellos en la existencia del individuo, combatir los egoísmos que inspiran falsas creencias como la supuesta condición de vago propia de todo aquel que recibe un plan de asistencia social de la índole que sea.
Hay que sumar voces y acciones para llegar a una sociedad más justa, levantar la mirada hasta que la postergación ajena duela como propia porque de eso se trata, de bajar de las autopistas, aminorar la marcha y observar que a muchos pares les falta mucho más que la luz o el agua desde hace demasiado tiempo.
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